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EL ESPANTAPAJAROS

El viejo caminante, cansado de contar sus pasos, se convirtio una mañana en un ajado espantapájaros... o fue al revés... No lo recuerdo fué hace tanto tiempo.
 

EL ESPANTAPAJAROS

 

Con tu cuerpo de paja

y el capote abrochado,

viejo, roto y deslucido

del campesino desechado;

con ojos pintados

en tu cabeza de trapo,

y sonrisa que cuelga

de labios no trazados;

con tu sombrero de alas,

de color tostado

por las lluvias y los soles

que con el juguetearon;

miras la pequeña estampa

de  anchos campos dorados

de senderos polvorientos

y horizontes encerrados.

Miras el azul del cielo

y el vuelo desesperado

de pájaros que buscan comida

mirándote extrañados.

sobre la cruz de madera ,

perchero de tus andrajos,

como el viento tu cuerpo agita

moviéndolo de lado a lado;

Sin mente que se pregunte,

porque tu corazón guardaron,

sin alma que se rebele,

solo sueños te dejaron.

Día a día, noche a noche,

el verano fue pasando

y la mies ya esta segada

y recogido su grano;

Ahora oyes esquilas

y ves ovejas pastando

pero también con el tiempo,

el rastrojo abandonaron.

La soledad te embarga

el cielo siempre nublado,

las lluvias mojan tu alma

y a tu corazón despertaron.

Tu mente por fin pregunta

que haces allí enterrado,

porque dejar que tus sueños

se mueran sin disfrutarlos.

Ojala tuvieras piernas,

y pies que no sean de trapo,

ay, como te gustaría

que tu percha tenga brazos,

y así andar el camino

que serpentea por el prado.

Soñastes con otros mundos

que nunca has visitado,

con aromas de otras tierra

y con océanos lejanos;

soñastes en el otoño

con sus ocres y sus pardos,

soñastes en el invierno

con sus grises y sus blancos;

sentistes la primavera

llegar con vuelo cansado

y una noche soñastes

que tienes piernas y brazos

y que los pies te sostienen

para andar lo que has soñado.

Una mañana partistes,

dejando desierto el campo,

saludastes a las flores

con el sombrero en la mano

y a los pájaros dejastes

en tu percha ya posados.

Nadie vio como te ibas,

nunca más has regresado

y el campesino al ver

como te habías marchado

se le iluminaron los ojos

y contemplando callado,

la percha donde colgaban

tus viejos y rotos harapos,

se sonrió y se dijo:

- Otro sueño que ha volado.

Te deseo mucha suerte,

mi querido espantapájaros.

 

J.M.Gordon (Sevilla, 2007)